miércoles, 8 de agosto de 2007

Vicisitudes de una cantante de ópera, su infancia

Queridos lectores que os atreveis a indagar en este humilde blog en donde yo cuento mis vicisitudes cómo cantante de ópera. La historia de mi vida nada tiene que ver con la de esos maravillosos cantantes que ya nacieron cantando escupiendo por la boca cascadas de hilos de plata, y cuyas primeras palabras fueron, e di pensier o una furtiva lágrima, no, yo no nací vaticinando cual iba a ser mi destino, más bien todo lo contrario.
En el momento de mi alumbramiento, la comadrona tuvo que asestarme un par de azotazos en el trasero para que finalmente emitiera por mi boca un graznido desagradable mientras mi madre inmersa en una enajenación debido a su dolor parturiento le gritaba.
---Doña María, deje de pegar a la niña, ¿es que no oye que voz tan desagradable trae al mundo?, ese fué el verdadero comienzo de mi carrera.

CAPÍTULO PRIMERO: YO NACÍ.


Nací en un pueblecito muy pequeño, Tanto así que allá por los años sesenta aún no figuraba en la cartografía nacional. Hasta los doce años de mi tierna edad, estuve totalmente convencida de que mi pueblo componía la totalidad del planeta tierra, de hecho cuando observaba el globo terráqueo que había en el colegio, tenía la certeza, de que aquello representaba a mi pueblo, con sus diferentes barrios, riachuelos, etc. Mi pueblo se llama Abuzaderas, ¡bien bonito que es el nombre!.
La causa por la cual yo estaba en lo cierto de que Abuzaderas ocupaba todo el globo terráqueo, tenía que ver con que el televisor aun no había hecho su aparición por aquellos lares, ni tan siquiera el boticario tenia uno ( y eso que era el más rico del pueblo), andábamos algo escasos de comunicación con el exterior, y otra de las causas era, que yo no me solía enterar de nada.
Cuando leía algún cuento, o alguien me lo relataba, yo cerraba los ojos y soñaba con que aquellos sucesos tan maravillosos, habían tenido lugar en Abuzaderas ¿donde si nó?.
Con la edad de doce, yo era una niña a la que le encantaba que le llamasen Paco e incluso Paquito. Me gustaba fantasear con la idea de ser un niño. Físicamente no era una niña agraciada, más bien todo lo contrario. No era delicada como una florecilla alpina, era basta, tenía sólo una ceja, cuelli-corta, ¡vamos! que era un "ser". Usaba zapatos gorila, aquellos zapatos eran fantásticos, fuertes con cordones, ¡que bien se trotaba con ellos por las eras!, duraban toda una vida, tanto así que mi madre me compraba un par de aquellos zapatos tres tallas más grandes y así estaba abastecida para tres o cuatro años.
Me encantaba sentirme varón. Cuando salía a la calle y me disponía a cometer gamberradas típicas de hombres, o sea, pisar charcos (salpicando, ¡claro!), levantar las faldas a las niñas, arrojar piedrecitas a los cristales de las ventanas ajenas, era sensacional cuando alguien me reprendía diciendome.
---¡Nene, eres un gamberro!.
Nene.....¡que palabra más hermosa!
Siempre llevaba el cabello corto, me lo cortaba Vicente, el barbero del pueblo,Vicente me rapaba el pelo al uno, era genial salvo por un detalle, me dejaba al descubierto sendas orejas, que del modo en que las tenía ubicadas a ambos lados de mi faz, daban la impresión de que yo quería oirlo y escucharlo todo.
Cuando llegaba el momento del ritual, que no era otro que la disposición de Vicente para soplar en mi coronilla y desprender así los oelillos sobrante, mi padre, que siempre me acompañaba y así aprovechaba para perfilarse las patillas, con una sonrisa socarrona siempre repetía la misma cantinela.
---Mi niña tiene las orejas repetidas.
Mi padre, era muy "guasón" y tenía mucha psicología.
Mi vida en Abuzaderas transcurría con cierta normalidad de pueblo. Por las mañanas iba al colegio San Cipriano. Ahora mirando las cosas con cierta perspectiva pienso que aquel colegio era más bien un lugar en donde tener a los crios entretenidos y recogidos para que no diéramos la lata, porque la verdad es que no recuerdo si llegué a aprender algo allí....no sé. Por las tardes me daban de merendar pan y chocolate marca Virgen de Guadalupe, bien rústico nada de Nestlé ni Milka, no nada de eso si no como la
patrona. La porción de aquel chocolate no cabía en la boca. Cuando llegaba el Domingo, tocaba ir a misa, mi madre nos ponía a mis hermanos y a mí brillantina en el pelo y la ropa de Domingo y a la iglesia a escuchar al cura (el amigo Tomás), quién vivía con su prima que era la que le cuidaba. También me gustaba jugar en la calle sobre todo con mi hermano mayor Rafa, mi hermano era fantástico, era intrépido, mentiroso, se metía en líos constantemente y siempre salía de ellos airoso.
Continuará...........

1 comentario:

Anónimo dijo...

muy lindo blog !
espero ansiosa la segunda parte
saludos
cata-.